miércoles, 15 de abril de 2015

Reseña de "Ya nos somos esclavos de la gleba" y "Días de barbarie"



El historiador José Luis Gutiérrez Molina acaba de publicar una reseña de los libros Ya no somos esclavos de la gleba y Días de barbarie en el nº 35 (Otoño 2014) de la revista electrónica Historia Actual Online, una publicación cuatrimestral multilingüe, sometida a revisión anónima por pares y editada por la Asociación de Historia Actual. Sus objetivos son el fomento del debate historiográfico referido al Tiempo Presente y la difusión de la investigación en todos los ámbitos de la Historia Reciente, Inmediata o Actual. Publica artículos, revisiones, entrevistas, fuentes, reseñas de libros y comentarios de material audiovisual.

Romero, Fernando, Ya no somos esclavos de la gleba. Republicanos, socialistas y anarquistas en Bornos (1899-1936). Sevilla, Atrapasueños, 2014, 267 pp.

Romero, Fernando, Días de barbarie. Guerra Civil y represión en Bornos. Granada, Asociación Andaluza Memoria Histórica y Justicia, 2013, 240 pp.

Por José Luis Gutiérrez Molina
 (Universidad de Cádiz)

La eclosión del llamado movimiento de memoria histórica ha logrado, entre otras muchas cosas, un importante desarrollo de los estudios locales. Está fuera de cualquier duda que, para el conocimiento exacto del holocausto español, utilizando la expresión de Paul Preston, son necesarios este tipo de estudios. Tres lustros más tarde del nacimiento de las iniciativas civiles sobre las consecuencias de las políticas terroristas de los golpistas de 1936, uno de los campos en que más ha avanzado es este de las investigaciones. Algunos lamentamos que no haya sido así en otros, como las políticas públicas de memoria, la localización y exhumación de fosas y, en especial, un auténtico compromiso con el tema, por parte de las administraciones, locales, regionales y nacional. Pero menos da una piedra.

Un desarrollo historiográfico que comenzó como iniciativa civil y que protagonizó un conjunto de historiadores, en su mayoría, alejados de los mundos académicos universitarios: independientes, profesores de Primaria, Secundaria y Bachillerato e, incluso, profesionales de otros sectores reciclados en hacedores de historia. El apoyo económico de la administración, que financió investigaciones y facilitó muchas ediciones, fue decisivo. Otra cosa es que a día de hoy, esas mismas administraciones sean capaces de saber exactamente qué ayudaron a publicar y los libros estén disponibles para el ciudadano. Más adelante, poco a poco, comenzaron a unirse trabajos de origen universitario. El resultado ha sido que contamos con una amplia bibliografía, desigual –no precisamente por su origen- que comprende casi todo el territorio español. En Andalucía, una de las regiones donde mayor fue la política exterminadora golpista, el avance ha sido substancial.

Entre los trabajos recientemente aparecidos están estos dos de Fernando Romero sobre la población gaditana de Bornos. Un autor al que le debemos un buen número de estudios sobre la serranía gaditana. De Villamartín a El Gastor, de Prado del Rey a Alcalá del Valle y Torre Alháquime. Gracias a ellos conocemos al detalle cómo se produjo en esas localidades el golpe, la resistencia y las diferentes fases de la represión. Unas obras que, cada vez más, se salen del fenómeno, estrictamente considerado en su cronología, para situarlo dentro de una fase histórica “más larga”. Algo que debemos agradecerlo porque, de igual modo, nos permite tener una visión más amplia. Es lo que sucede con estas dos investigaciones. Las dos ofrecen al lector y al estudioso de la historia social y económica contemporánea una visión de conjunto de la situación política, social y económica que desembocó en el verano de 1936 en un golpe de Estado. Donde no triunfó, provocó una revolución de profundidad insospechada que significó el fin, aunque fuera provisional, del mundo que tan bien describió Luis Bello para Bornos y que Romero utiliza para abrir Ya no somos siervos de la gleba:

“¿Qué hay en Bornos? Un señor. Cinco arrendatarios. Mil quinientos jornaleros con sus familias, hasta siete mil almas. Pero éste es el esquema de un estado social, aceptado ya por ellos como si fuera ley eterna dentro de su filosofía fatalista. El mundo está hecho de modo que perduren las tres jerarquías, y siendo así el mundo, Bornos es un lugar delicioso para vivir, aunque a uno le haya tocado la mala suerte de nacer jornalero”.

En este trabajo Romero dibuja los acontecimientos, ideas, organizaciones y personas que, desde finales del siglo XIX, revolucionaban la sociedad bornicha. Para sintetizar el contenido del libro nada mejor que utilizar las palabras que, en un congreso obrero celebrado en 1914, pronunció un trabajador de la localidad: “Los agricultores españoles hemos patentizado ante los obreros de la ciudad de que ya no somos los esclavos de la gleba; que habiendo tomado como brújula el sindicalismo revolucionario, formaremos un conglomerado de fuerzas humanas que reciban los embates de la burguesía”.

A lo largo de casi 300 páginas Romero relata el camino de los habitantes de Bornos desde el cuadro socio-económico descrito en el primer capítulo hasta el verano de 1936 cuando, más que nunca, pensaban que realmente podían dejar de ser esclavos de la gleba. Un recorrido muy parecido a los de otras localidades y comarcas andaluzas: desde la aparición del primer societarismo obrero ligado al republicanismo hasta el moderno sindicalismo de los años treinta, pasando por la quiebra del modelo político turnista y la llegada al poder municipal de quienes nunca lo habían ocupado, para terminar con la consolidación de las fuerzas políticas y sociales emergentes en el primer tercio del siglo XX: anarquistas, anarcosindicalistas, socialistas y republicanos. Cierra el trabajo el análisis del golpe de Estado de julio de 1936 en la localidad, su triunfo y el comienzo de la represión.

Con este libro Romero nos proporciona una visión de las causas inmediatas, y de otras menos, que son inexcusables conocer si queremos tener suficientes elementos para analizar la sublevación de 1936, la represión y las bases sobre las que se edificó el Nuevo Estado franquista y sobrevivió la sociedad española en general y bornicha en concreto. Los días de barbarie que dan título al segundo de los trabajos de Romero, aunque haya sido el primero en publicarse.

En primer lugar hay que decir que este volumen nos define al autor en su conjunto: no sólo es historiador sino también una persona comprometida con el movimiento memorialista. No de otra forma podemos considerar que el texto incluya, además de la investigación de Romero, el manuscrito de María Luisa García Sierra en el que se relacionan e interpreten, a la luz de la experiencia personal, lo ocurrido. De esta forma el historiador no sólo desarrolla su “trabajo”, en este caso de la mejor forma “profesional”, sino que además completa la función social, de servicio a la sociedad en la que vive, que debe tener todo trabajo histórico. ¿Qué mejor forma que dando la palabra a una de los testigos, a una de las fuentes? Sin olvidar que, como en el primero de estos trabajos, ha sido un protagonista la que ha dado título al texto: “eran días de barbarie” recuerda María Luisa.

Con los dos volúmenes tenemos una visión global de la evolución de la sociedad de Bornos durante medio siglo, hasta los días del terror de 1936. Pero no sólo eso sino que también nos proporcionan las claves de por qué, durante el verano de ese año, comenzó una persecución implacable, con voluntad exterminadora, de todos aquellos que “hicieran sombra” a “los de siempre”. La de quienes, como escribe Romero, habían osado subvertir el orden jerárquico fuera durante los años de la Segunda República como los de treinta años antes cuando alboreaba el siglo XX. Además, la investigación, no olvida la otra cara de la moneda: los victimarios. Es decir la de los verdugos. Describe cómo se formaron las primeras instituciones golpistas, se organizaron sus grupos políticos y cómo el comandante militar era el mando efectivo.

El alcance de la investigación se manifiesta en las tablas, cuadros e imágenes que acompañan al texto. Un material que terminan de dibujar el cuadro de cómo el liberalismo español, nunca terminado de concluir su ciclo, se cerró en falso una vez más en 1936. De forma que se podría decir que el siglo XIX llega en las tierras ibéricas hasta casi el último cuarto del XX. No es así por completo pero sí que en algunos aspectos loes y, me atrevería a decir, que sigue siéndolo. Dos ejemplos: ni su geografía como estado, ni la propia forma de éste están todavía cerradas y son objeto de discusión. En 1936 la tensión liberalismo decimonónico y las alternativas reformistas y revolucionarias se zanjó con un golpe de Estado y la práctica de una política de exterminio del enemigo allí donde triunfó. Las dos investigaciones de Fernando Romero nos permiten conocer este periodo de forma detallada a escala local. No es un mal ejemplo. Los edificios se construyen desde los cimientos. Cuando se intentan hacerlos desde el tejado las consecuencias no suelen ser buenas. La historia contemporánea española, y en particular la de estos años, suele estar llenas de estos últimos ejemplos.


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